Ciudad del Vaticano. - Este 30 de agosto, el Papa León XIV dirigió la oración mariana del ángelus desde la Villa Pontificia de Castel Gandolfo. En su comentario al Evangelio de este domingo, el Santo Padre señaló que, “en nuestra vida de fe y en nuestra oración”, debemos tener la misma sinceridad de Pedro, diciéndole al Señor con humildad lo que sentimos realmente; y, al mismo tiempo, “que sepamos cultivar su docilidad, aceptando aquello que nos pide más allá de nuestras expectativas”.
“No interrumpir nunca el dialogo con el Señor y no juzgar nunca el obrar de Dios”, son las dos cosas importantes que nos enseña el apóstol Pedro, a pesar de su “incertidumbre e impulsividad”, lo dijo el Papa León XIV este domingo, 30 de agosto, en su reflexión previa al rezo de la oración mariana del Ángelus, ante miles de fieles y peregrinos que se congregaron en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo.
Jesús revela el misterio de su Pascua
En su comentario al Evangelio de este XXII Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre dijo que, este pasaje bíblico nos habla de Jesús, quien revela a sus discípulos el misterio de su Pascua inminente.
“El Mesías —dice— «tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día»”.
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte»
Esta afirmación, indicó el Pontífice, está muy lejos de lo que esperaban de un Mesías triunfante y poderoso, con cuya ayuda derrotarían y humillarían a sus enemigos.
“Ya habían tenido el modo, en el tiempo transcurrido con Él, de maravillarse de muchos de sus gestos y palabras. Pero este último mensaje, fue más allá de toda perspectiva. Pedro, particularmente, manifiesta su desacuerdo y comienza a reprender a Jesús diciéndole: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte»”.
Un impulso de fervor que nos hace reflexionar
En este sentido, el Papa León recordó que, Pedro apenas hacía un instante que había reconocido a Jesús como el «Mesías, el Hijo del Dios vivo». Ahora en cambio, sorprendido y quizá decepcionado de lo que había escuchado, en contraste con la hermosa profesión de fe que acababa de pronunciar, lo reprende.
“Parecería que le dice: ‘sí, creo que tú eres el Mesías, pero ese no es el modo de salvar al mundo’. Es un impulso de fervor, sin duda motivado por un amor sincero que, sin embargo, nos hace reflexionar”.
Las tentaciones son contra toda lógica de fe
Por ello, el Santo Padre señaló que, tampoco para nosotros, es siempre fácil entender y aceptar los caminos de Dios, especialmente cuando están muy alejados de los nuestros.
“Entonces las tentaciones son, contra toda lógica de fe, pensar que sea el Señor el que se equivoca o, peor aún, el que no nos escucha o no se interesa por nosotros”.
Pedro nos enseña dos cosas importantes
Frente a esta incertidumbre Pedro, subrayó el Pontífice, aun dentro de su impulsividad, el apóstol nos enseña dos cosas importantes.
“La primera es la de no interrumpir nunca, ni siquiera en estos momentos, el diálogo con el Señor; más bien, manifestarle con confianza nuestra dificultad para comprender lo que nos pide. La segunda es la de no juzgar nunca el obrar de Dios, sino más bien, ponernos a la escucha, con humildad, en la oración, de lo que nos está revelando a través de su accionar, aun cuando no corresponde a nuestras expectativas”.
«¡Ponte detrás de mí, Satanás!»
Asimismo, el Santo Padre destacó que, la grandeza del primero de los apóstoles se manifiesta también cuando Jesús le responde: «¡Ponte detrás de mí, Satanás!», y les explica, a él y a los otros discípulos que, para seguir sus huellas, deberán negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo.
“Pedro lo hará después de haberlo escuchado, asumirá el desafío y permanecerá fiel a las palabras del Cristo, al que ha reconocido como su redentor, por toda la existencia, hasta el martirio”.
Aprender a cultivar la sinceridad y docilidad
Antes de invocar la materna protección de la Virgen María, que fue obediente a los designios de Dios permaneciendo de pie junto a la cruz de su hijo Jesús, el Papa León XIV dijo que debemos pedir tener la misma sinceridad de Pedro y cultivar su docilidad.
“Pidamos entonces al Señor que también nosotros tengamos en nuestra vida de fe y en nuestra oración, la misma sinceridad de Pedro, diciéndole con humildad lo que sentimos realmente, aun cuando el corazón está confuso; y, al mismo tiempo, que sepamos cultivar su docilidad, aceptando aquello que nos pide más allá de nuestras expectativas”.