Columna | Desde el portal
La ciencia en algunos aspectos no ha resultado tan eficaz como se esperaba pues si bien es cierto que la presencia de una pandemia fue advertida - y compribada- en forma oportuna, no se tomaron las medidas adecuadas para enfrentarla.
Y de ello hay evidencias: desde el envío de México de medicamentos e instrumental a China s inicios de la contingencia, y que luego nos lo vendió a precios elevados por la excesiva demanda, hasta la poca respuesta del Conacyt para crear una vacuna y ventiladores que hoy están ausentes, no así el presupuesto que reciben constante y sonante.
Pero más allá de los errores burocráticos y de falta de previsión, está la logística de vacunación. Se privilegió el área rural más alejada, con poca densidad de población y reducción de contagios, y se dejó de lado la zona urbana densamente poblada, con el argumento de que los habitantes del área rural no tienen hospitales y los urbanos sí.
Aunque no se trata de ver quien tiene derecho o no o regatear la aplicación de la vacuna, se descuidó y se descuida aún a la población infantil con la absurda explicación de que no es un sector vulnerable. La realidad demuestra que si lo es a dos semanas del regreso a clases.
Incluso desde antes. Los hospitales y los padres de familia reportaban a sus hijos enfermos, pero de acuerdo a las estadísticas y las mediciones de los llamados expertos no le han dado importancia porque en comparación con las cifras de los enfermos y las lamentables defunciones, no es alarmante.
No se trata de decir que población es vulnerable y quien debe ser protegido. La realidad demuestra que la pandemia afecta a todos por igual sin excepciones, por lo cual la obligación de las autoridades es proteger a todos.
Los amparos se multiplican y se exige vacunar a los niños y a a las niñas. Las autoridades insisten en que no se justifica tanto gasto porque no es necesario. La vuelta a clases de nuevo esta semana demostrará que si es necesario so pena de sufrir las lamentables consecuencias que hay que evitar.
Nuevos errores y nueva terquedad seguirá aumentando el drama nacional al que se suman lluvias e inundaciones, sismos y derrumbes que, aún cuando son efectos de la naturaleza y errores de falta de planificación del crecimiento urbano, si es posible prevenirlo y evitarlo.
Las autoridades sanitarias deben comprender que la ciencia no va tan al parejo con la realidad y hacer frente a esta. Las estadísticas no deben ser la norma. Hay que vacunar a todos sin excepción, ni ubicación geográfica ni edad.
El respeto a la vida debe ser prioridad y no motivo de políticas públicas que son rebasadas por la naturaleza y la falta de planeación gubernamental.
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