Domingo, 22 Marzo 2026 20:50

Lo peor está por venir

Esta semana veremos la extensión temporal, territorial y la profundidad del conflicto en Medio Oriente.

Puede ser que lo peor esté por venir.

El ultimátum de Estados Unidos a Irán para liberar el estrecho de Ormuz en 48 horas o aniquilará sus instalaciones energéticas, ha disparado una respuesta de Teherán: si eso ocurre, la represalia será simétrica contra países aliados de Estados Unidos.

De ocurrir, podría desencadenar una espiral impredecible no sólo en el aspecto bélico, sino en el económico y el social.

La producción de gas mundial podrá verse dislocada, y eso afectaría a la generación eléctrica en gran parte del mundo, además de golpear la producción industrial global. Irán podría atacar pozos, plantas, refinerías, gasoductos (en particular el que va de Yanbu al mar Rojo). Ya probó de lo que capaz al lanzar misiles a una instalación de investigación nuclear en Israel y dos misiles de largo alcance contra la base Diego García, a 4 mil kilómetros de distancia.

Si el estrecho no se abre, Goldman Sachs predijo que un cierre de 2 meses costaría a Qatar y Kuwait el 14% de su PIB y entre un 3% y un 5% el de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos.

La escasez de hidrocarburos —Irak ya ejerció la cláusula de fuerza mayor para frenar contratos de exportación— y gas, más la incertidumbre global, dispararía el costo del petróleo, gasolina y gas por un largo periodo.

Pero, además, no es sólo el petróleo. Arabia Saudita y Emiratos Árabes dependen de grandes complejos de desalinización para su suministro de agua: Arabia Saudita cerca del 70% y Emiratos alrededor de 40%. Un ataque contra esas plantas sería devastador. 

El contexto extendería el conflicto en tiempo y en países beligerantes.

Estos elementos podrían empujar a una fuerte desaceleración de la economía global o a entornos recesivos regionales.

Un alto precio de los carburantes por un periodo extenso no favorece a México. 

La exportación mexicana de petróleo en enero pasado fue la más baja desde 1990. Se ha reducido de 800 mil barriles a poco menos de 300 mil en dos años. 

La importación de gasolina no ha disminuido sustancialmente y nada la de gas.

Ambos incrementos tendrían un impacto inflacionario muy fuerte en las mesas familiares.

Por lo pronto, la gasolina Magna está topada, pero los gasolineros no aguantarán mucho más. Hacienda tendrá que inyectar recursos fiscales, pues un aumento en el precio es impensable en el ambiente político adelantado que tenemos. Se estima que el límite de maniobra fiscal se ubica en 90 dólares el barril. El sábado cerró en 113 dólares. 

El aumento del precio del gas —importamos el 70% del consumo— presionará de manera potente al maltrecho sistema eléctrico y a la producción industrial. El golpe podría llegar también a los hogares vía el aumento del precio de gas LP.

El impacto en la inflación frenó ya la disminución de tasas. Si la economía de Estados Unidos desacelera, las exportaciones mexicanas —primer motor de entrada de divisas al país— disminuirán, ya de por sí presionadas por un peso fortalecido.

La extensión territorial de la guerra y el aumento de combustibles pegará al turismo, tercera fuente de entrada de divisas, después de las remesas.

La devaluación del dólar es, por lo pronto, un alivio por el pago de intereses menor sobre la creciente deuda mexicana.
El lunes por la noche, cuando venza el plazo del ultimátum, veremos si Estados Unidos cumple su amenaza y si Irán es capaz de responder de manera selectiva pero letal.

Y entonces sabremos si hemos entrado al tobogán.

X | @fvazquezrig