Domingo, 12 Abril 2026 21:27

La divina misericordia nos alcance

Artículo | Compartiendo diálogos conmigo mismo

EL GRAN SANTUARIO DE LA ESPERANZA: Fuera del Amor creador y redentor, no existe otro vivo manantial de expectativa para el ser humano, que la bondad y la verdad como mediador de pulsos. Sólo hay que dejarse acoger por el crucificado y recogerse acompañado y acompasado por su mano salvadora, para descubrir que siempre nos levanta del suelo. Puestos en pie, descubramos sus huellas. Únicamente así, reconstruiremos un mundo inédito.

I.- ES LO BELLO; 
AGRADAR PARA QUE NOS AGRADEN 

La misericordia de Dios nos eleva, 
nos ensalza y nos realza de alegría, 
nos construye y reconstruye puros, 
nos vuelve inmaculados y celestes, 
con deseos de volar y de ser verso.

Salgamos de la morada del miedo,
y entremos en el refugio del Padre;
dejemos el encierro en uno mismo, 
y abrámonos a la nueva existencia; 
siguiendo los pasos del Resucitado.
 
Sí, el regocijo de Dios nos renueva, 
nace de la piedad y nos deja la paz, 
nos retroalimenta en cada momento, 
con sus halagos persistentes de luz,  
para no caer y, si caemos, alzarnos.

II.- ES LO AUTÉNTICO; 
EXIMIR PARA QUE NOS EXIMAN 

Dios olvida todo y todo se exonera,
es cuestión de enmendarse y amar, 
de querer y de condonar queriendo, 
socorriendo las percusiones tristes, 
auxiliando los corazones hundidos. 

No cerremos el horizonte viviente, 
reconciliemos sus tonos y timbres, 
restablezcamos la dicha liberando; 
es una linda invocación que calma, 
al concebirla nuestra y refrendarla.

Sintámonos llamados a la caridad, 
expansivos al perdón y a perdonar, 
el peso de nuestras imperfecciones,
con la caricia de una dulce mirada,
que es lo que nos curte por dentro. 

III.- ES LO PULCRO; 
ANIMAR PARA QUE NOS ANIMEN 

En los momentos de duda, oremos;
busquemos al Señor entre nosotros. 
Él nunca se esconde, siempre está, 
a la espera de nuestro llamamiento, 
deseoso de ofrecernos su estímulo. 

En sus palabras hay mucha entrega, 
jamás son expresiones desafiantes, 
sino proposiciones de misericordia,
que nos pacifican los mil caminos, 
unidos a la cruz que todo lo revive. 

Lo importante es escuchar su voz, 
dejarnos reconducir por su aliento, 
tocar sus llagas e ingerir las penas; 
sólo así, la fe nos revivirá el alma¸ 
y la vida será una lírica comunión.

Víctor CORCOBA HERRERO
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