Oslo.- El rey Haakon VIII de Noruega prestó este martes 1 de septiembre juramento de lealtad a la Constitución ante el Storting, el Parlamento noruego, en una ceremonia solemne que marcó el inicio formal de su reinado, cuatro días después de la muerte de su padre, Harald V, quien falleció el pasado 28 de agosto a los 89 años.
El acto, que tuvo una duración aproximada de 17 minutos, se llevó a cabo en el hemiciclo del Parlamento en Oslo, con la presencia de integrantes del Gobierno, representantes de las instituciones noruegas y miembros del cuerpo diplomático. Desde el podio, Haakon VIII, de 53 años, pronunció la fórmula establecida en el artículo 9 de la Constitución noruega: "Prometo y juro gobernar el Reino de Noruega de acuerdo con su Constitución y sus leyes, así me ayude Dios todopoderoso y omnisciente".
La ceremonia estuvo marcada por la ausencia de la reina Mette-Marit, esposa del monarca, quien no pudo acompañarlo debido a complicaciones derivadas de un trasplante de pulmón al que fue sometida en junio pasado y que continúa en proceso de recuperación. En su lugar, Haakon VIII estuvo acompañado por su hija, la princesa heredera Ingrid Alexandra, de 21 años, quien se perfila como la futura sucesora al trono.
A diferencia de otras monarquías europeas, la entronización del nuevo rey noruego se llevó a cabo sin corona, sin vítores y con la máxima sobriedad, siguiendo la estricta tradición constitucional del país nórdico. Haakon VIII se sentó en un trono histórico de 1866, utilizado por primera vez por su bisabuelo, el rey Haakon VII, y adoptó como lema real "Todo por Noruega", el mismo que usaron su padre y su abuelo.
Haakon VIII se convirtió automáticamente en rey el viernes 28 de agosto tras el fallecimiento de Harald V, quien reinó durante 35 años y fue uno de los monarcas más queridos en la historia reciente de Noruega. El nuevo soberano, criado en la modernidad y con una formación universitaria en ciencias políticas y experiencia en fuerzas especiales, asume el trono en un momento en el que la monarquía noruega mantiene altos niveles de popularidad, aunque enfrenta debates sobre su papel en una sociedad cada vez más secularizada.