Miércoles, 30 Septiembre 2026 06:24

El viaje a Francia, un gran don para mí y para el pueblo de Dios

Ciudad del Vaticano. - En su catequesis durante la Audiencia general de esta mañana en la Plaza de San Pedro, León XIV habló de su reciente viaje a Francia, destacando la Vigilia con los jóvenes como un gran signo de esperanza y el creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo como una señal de renacimiento de la Iglesia

“Hoy quiero hablarles del Viaje apostólico a Francia que he realizado en los días pasados. Ha sido un gran don para mí y para el pueblo de  Dios en ese país, y doy gracias al Señor. Expreso de nuevo mi gratitud a todos los que me han acogido, Autoridades civiles y pastorales de la Iglesia y a todos aquellos, que han sido muchos, que quisieron encontrar al Papa o simplemente saludarlo por las calles, como apóstol de Cristo y mensajero de paz. ¡Gracias a todos!”, dijo el Papa León XIV al inicio de su catequesis durante la Audiencia general que presidió en la mañana de este miércoles, 30 de septiembre, en la Plaza de San Pedro.

“Quisiera recoger los pensamientos y las impresiones -todavía muy vivas- de esta Visita pastoral en torno a un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París”, resaltó el Papa, recordando que, allí, en la tarde del primer día, presidió la celebración de las Vísperas de la Santísima Virgen María, “una liturgia solemne y al mismo tiempo festiva, en la que la música, el canto y la belleza del templo” hicieron “vibrar a los corazones unidos en la oración”.

Sinergia por el bien común basada en la dignidad de la persona humana

“Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido, puede iluminar simbólicamente todo este Viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento”, destacó León XIV, quien subrayó que la Catedral de París, que hace apenas siete años parecía haber sufrido un daño irreparable a causa de un enorme incendio, “ahora está reconstruida y luce más esplendorosa que nunca”, y que ese “desastre provocó una reacción positiva a todos los niveles, algunos más visibles y prácticos y otros más escondidos, de orden espiritual”.

Tras observar que su restauración ha sido una prueba de que es posible la “colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil”, el Pontífice agregó que “esta dinámica ha permitido aprovechar al máximo tanto la generosidad de los benefactores como las competencias de los profesionales y los artesanos”, e indicó que “la sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y económicas”.

“Es el mensaje que he querido transmitir a las autoridades francesas, así como a los miembros de la UNESCO”, indicando que “el criterio fundamental sobre el que basar esa colaboración” es “la dignidad de la persona humana”, reiteró el Papa.

La Vigilia con los jóvenes, un gran signo de esperanza

“Pero sobre todo, Notre-Dame es imagen de la Iglesia de piedras vivas, del pueblo santo de Dios”, remarcó León XIV, quien observó que “es interesante” poner en paralelo la celebración de las Vísperas en la Catedral y la Vigilia con los jóvenes, que tuvo lugar esa misma noche en el Estadio de Francia, en París, “dos lugares completamente diversos y, sin embargo, dos eventos complementarios, casi unidos espiritualmente”.

“¿Qué los unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él”, recalcó el Pontífice, recordando que en Notre-Dame estaban los sacerdotes y los díaconos, las personas consagradas y los colaboradores pastorales, mientras que en el estadio estaba la nueva generación francesa: “Nueva -diría- no solo por la edad, sino más aún por su espíritu, por la libertad de corazón y de fe. Jóvenes que cantaron, gritaron, pero que también se quedaron en silencio, en escucha. Rostros atentos y conmovidos, que manifestaban corazones deseosos de verdad y de amor”.

“A ellos les dije con alegría: ‘¡Ustedes son los santos de Francia!’. Esa Vigilia fue un gran signo de esperanza”, resaltó el Papa, quien agregó que también lo fue, “en la pequeñez que Dios prefiere”, el encuentro en la Maison Bakhita, una casa de acogida para personas en situación de dificultad, “uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, en los que se trabaja a diario para servir con amor a la dignidad de la persona humana”.

Señales de renacimiento de la Iglesia en Francia

“Sin embargo, en la Iglesia en Francia hay una señal de renacimiento que perdura desde algunos años, es decir, el notable y creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo”, destacó León XIV, quien recordó que, ante esta “hermosa sorpresa de Dios”, se está celebrando en París una Asamblea sinodal provincial, en la que intervino, “animando el camino de los catecúmenos y de los neófitos, junto a las comunidades a las que pertenecen”.

“El evento culminante de mi visita a la capital fue la Misa en la Place de la Concorde. Allí, la señal del renacimiento apareció de modo sorprendente: la asamblea litúrgica, que reunía a sacerdotes, el coro y una notable multitud en la vasta plaza, se extendía por toda la Avenue des Champs Élysées hasta el Arco del Triunfo y más allá. En el momento de la Comunión todos pudieron acercarse a la Eucaristía, que se distribuía por todas partes. He aquí la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede hacer, por intercesión de la Virgen María”, remarcó el Pontífice.

“Y por eso, era natural y correcto que después de París me dirigiera como peregrino a Lourdes, a venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la esperanza”, dijo el Papa, quien subrayó que, en Lourdes, “el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento”.

Reconocer el dolor causado a las víctimas de abusos y trabajar por la prevención

“Un mensaje que he querido relanzar abiertamente: toda vida humana, de qualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia”, insistió León XIV, quien indicó que, por eso, “Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del amor”.

“En este contexto, encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos”, recordó el Pontífice, quien luego habló de la tercera y última etapa del Viaje apostólico, la ciudad de Metz, en una región de Francia y de Europa “martirizada por la Segunda Guerra Mundial”, donde operó Robert Schumann, “uno de los principales inspiradores del proceso de unificación europea”.
Europa, proyecto de paz

“La Europa contemporánea nació precisamente como proyecto de paz después de la destrucción de la guerra. Podemos decir que lo que sucedió en Notre-Dame de París con el incendio sucedió en Europa con la Segunda Guerra Mundial. Y Europa renació, sobre la base de aquellos principios de democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos que deben mucho a sus raíces cristianas”, resaltó el Papa, quien indicó que, también hoy, “sobre esos cimientos y con esa fuerza vital, el proyecto europeo puede renovarse, de un modo mucho más globalizado, donde el diálogo interreligioso desempeña un papel de importancia primaria”.

“Por eso, en Metz encontré a los representantes de las diferentes tradiciones religiosas, quienes leyeron y firmaron en mi presencia el llamamiento de Metz por el diálogo y la paz”, recordó León XIV.

“Queridos hermanos, el tema de mi Visita pastoral a Francia ha sido Pour que le monde ait la vie, Para que el mundo tenga vida. Son palabras de Jesús, que resumen toda su misión de salvación y que, durante el Viaje, expresaban en plenitud el sentido evangélico de cada encuentro. Ahora, estas expresan nuestra oración, al pedir a DIos que este evento de gracia dé frutos abundantes y duraderos”, concluyó el Pontífice.

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