Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

COHABITAR AMANDO Y MORIR PERDONANDO: Tras el signo de vivir, desvividos por donarse y de fenecer con el propósito de enmienda en los labios, todo se transforma en resplandor y esplendor, a imagen del cuerpo glorioso de Cristo. Bajo el abstraído soplo, es como se logra uno verse internamente, uniéndose a Dios y a su voluntad. La auténtica versatilidad se da en el moverse y en el removerse de la fe, afrontando miedos desde la convicción, sabiendo que Él nos acompaña en cada paso.

I.- UN DESTELLO EN EL CAMINO CUARESMAL

Cada día es un diario de pasmos, 
que nos alumbra a estar absortos,
a elevar la mirada en cada senda, 
para ganar apariencia y hondura,
pues uno es lo que es su interior.

Encandilados a la mística orante, 
esforcémonos por abrazar la cruz, 
por hacer penitencia el penitente, 
por recogernos y acoger miradas, 
por ser de Dios y a Dios regresar.  

Tome savia este deseo en el alma, 
dejemos que su albor nos invada,
y se irradie en nuestra existencia;
porque sólo perseverando con Él,
loamos su gloria que nos recobra.
 
II.- SIGUIENDO A JESÚS TODO SE ALCANZA 

Ascendamos y encendamos vida, 
fijemos la mirada en nuestro ser, 
establezcamos puentes de unión;
que el camino es para purificarse, 
no para atormentarse y no vivirlo.

Jesús se relaciona como humilde, 
como apacible y súbdito celestial, 
como servidor precioso y preciso, 
deseoso de tomar nuestras cruces,
entregando sus dones en ofrenda. 

Únicamente siguiendo sus pasos, 
se pueden completar las virtudes, 
traspasar los desiertos mundanos,
y reconocer su misma hermosura,
en los rostros de nuestros amigos.

III.- CONTEMPLAR A JESÚS TRANSFIGURADO

Todo se cambia, nada permanece; 
lo nuestro es contemplar el andar, 
vernos y reconocernos en camino, 
pensar y repensar lo que aguardo, 
escucharse y despertar del letargo.

Que sea el espíritu el que se viva, 
el que se muestre a latido abierto, 
para que ilumine nuestros pasos, 
e inflame nuestro corazón de luz, 
y nos saque de esta somnolencia.

Anhelamos descubrir el Crucifijo,  
manifestar el deseo de trascender, 
transfigurar nuestros soles en paz, 
con la firme providencia anímica,
y bajo el sol del amparo Redentor. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 22 Febrero 2026 21:24

El espíritu del mal; a combate

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

EL HIJO RESISTE LA TENTATIVA DE LEALTAD AL PADRE: En este hecho, percibimos la reyerta de dimensión universal, donde las fuerzas del maligno son tentadoras, contrarias al plan salvífico que Jesús proclama y vive en primera persona. Realmente, con Cristo se inicia el tiempo de la nueva creación, bajo el paraguas de una inédita y perfecta alianza, entre lo divino y lo humano. Esta lucha contra el mal, nos implica a cada uno de nosotros, llamados a seguir el modelo del Maestro. 

I.- ¿CÓMO SE GANAN EL PAN LOS POBRES?:
CON EL PENITENTE ESPÍRITU ORANTE 

La fuerza de los días es un sondear, 
un crecer y un recrearse convenido; 
pues no hay mejor correspondencia, 
que estimarse para articular latidos,
y valorar el vínculo de lo amistoso. 

Es verdad que todos formamos uno, 
y que nadie es dispensa de ninguno; 
tampoco el Hijo de Dios se aplaude, 
no ingiere privilegio alguno de ello, 
y justifica ganar el pan con el sudor.

Así prefiere ser como sus hermanos, 
se niega a las ventajas que le ofrece
el diablo, mientras Él pasa hambre,
y siente sed de justicia en un globo,
mal vestido y revestido de egoísmo. 

II.- ¿PARA QUÉ HEMOS VENIDO AL MUNDO?:
PARA APROXIMARNOS A DIOS Y ENTRE SÍ 

Satanás llevó a Jesús al lugar santo, 
lo llamó a subir al alero del templo, 
a tirarse desde lo alto del pedestal,  
para ser recogido por los serafines, 
y acogido por las ternuras celestes. 

Objetar los bandos de la naturaleza, 
es contradecir el oriundo horizonte; 
es moverse y removerse en el caos, 
porque hemos venido a respetarnos, 
a ser el armazón de unión y unidad.

Nuestro fin es desvivirnos por vivir, 
hasta volver amigos a los enemigos, 
restaurando maldades por bondades,
que la vida es conciliarse y hallarse, 
con el vivo empeño de fraternizarse. 

III.- ¿PERO DE QUIÉN ES ESTE MUNDO?:
SERÁ DEL BIEN, NUNCA DEL MAL

El demonio trama su oferta a Jesús, 
como si fuese el patrón del mundo, 
y todo el cosmos le correspondiese; 
su afán es suplantar al mismo Dios, 
y su desvelo tener adoración diaria.

La invitación del perverso es feroz, 
vocea un beneficio muy agonizante;  
que el Hijo desatienda el itinerario,
proyectado por el Padre y se revele 
contra sí, que es la verdad y el todo. 

La respuesta de Jesús es primordial, 
a la hora de asistirnos y de velarnos; 
pues no sólo la fortuna nos reanima, 
es preciso mover el don del espíritu, 
quitarse de aquí y subir a las alturas.

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 15 Febrero 2026 19:31

El auxilio del amor divino

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CON LA SABIDURÍA DE DIOS; SE VUELVE AL CORAZÓN: La primicia de Jesús está, esencialmente, en el hecho de que él mismo llena los preceptos con el amor del Altísimo, con la fuerza del Paracleto que mora en él. Nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a su orante soplo, para reabrirnos mar adentro con la cruz salvífica y pasar, de ser instrumento de muerte, a ser signo de vida. Lo revelador es no encerrarse en uno mismo, amar y dejarse amar con decisión. 

I.- AMA A DIOS, CON TODO EL ALMA

Estamos convocados a la caridad.
Nada somos sin su labor habitual,
de plantarla y replantarla a diario.
Es nuestra vocación por dignidad, 
y nuestra evocación por rectitud. 

Quien ama tiene el don del gozo, 
la firme alegría de la expectativa, 
y el tenaz regocijo de apreciarse;
de darse, donarse y de refundirse, 
con el gran amor que es el Señor.

Necesitamos su bendito renuevo, 
para poder peregrinar en plenitud;
esta es una gracia que el Altísimo, 
con su compasión y su clemencia,
nos otorga sin espera y con apego. 

II.-Y, AMA AL PRÓJIMO, COMO A TI MISMO

El hacer de cada día es el aprecio, 
no el precio de lo que se coopera; 
porque no me basta amar a Dios, 
si el prójimo no se aloja próximo,
para que el amor nos magnetice.

Todos somos imagen del Creador, 
y palpitación del fruto de su celo;
composición de un obrar celestial, 
y textura de una huella endémica, 
que nos activa el ritmo de pasión.

Nadie como nuestro Crucificado, 
que hizo siempre lo que al Padre
le agrada, supo conciliar heridas, 
para regenerarnos solidariamente,
con los dones beatíficos del bien.

III.- PUES, AQUEL QUE NO AMA, YA ESTÁ MUERTO

Somos hijos del amor y del amar;
hasta el extremo, que hay miradas
que matan y gestos que enfrentan, 
palabras que nos trituran el alma,
y acciones que nos dejan sin voz.

Servir a la vida cuidando al otro, 
al análogo que va a nuestra vera, 
esperando de nosotros el aliento, 
de sentirse custodiado y asistido, 
y deseoso de hallarse hermanado.

Pobre de aquel que no se observa, 
que no vive la piedad del legarse, 
que todo lo infunde de venganzas, 
y que todo lo confunde con odios,
pervirtiendo incluso su existencia. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 08 Febrero 2026 20:31

Luz para alumbrar y sal para aderezar

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FAVORECER LA LÁMPARA ENCENDIDA: Es la tarea del cristiano, irradiar el resplandor de Cristo, proclamando el esplendor de su Evangelio, en coherencia con el buen decir y el mejor hacer de cada uno. Los devotos de Jesús florecen, esclareciendo situaciones viciadas por la hipocresía. Lo realizan con afirmación, para desvanecer las tinieblas y encender lo auténtico del verso, que hay en el verbo del pulso y sobre la pausa del santo espíritu, conciliando acciones y reconciliando actitudes.

I.- UNA CONFORMIDAD,
QUE NO SE INTERPRETA,
SE VIVE CON AMOR

Previo a orientarse en el camino, 
uno hace las cosas por las cosas;
las trabaja y labora con caridad, 
con la fe y la esperanza en Jesús, 
aliento y alimento que nos salva.

Somos llamados a ser su poesía, 
la gloria de su mística percusión;
una identidad que nace y renace, 
como fruto del encuentro con Él,
y se muestra en el modo de obrar.

Dejarse aclarar es volver a la luz, 
es retornar al torno de lo místico; 
a lo esencial del soplo que somos,
a los ojos de Dios que nos busca;
al no ser de aquí y sí de su Reino.

II.-LA SAL,
 QUE DA SAZÓN A LO HABITUAL,
SE SIGNIFICA CON VOLUNTAD 

La sal no se ve, pero se advierte;
da condimento a nuestros pasos, 
nos guarda y resguarda del mal,
nos mete ánimo en el desánimo,
para no caer en la desesperación. 

Lo sustancial está en una fe sana, 
en coherencia con lo que se hace,
colmada de bondad y de verdad,
con una forma que genere estilo, 
con valores claros y fiel aprecio.

Vivir con autenticidad es divino, 
porque uno se desvive por vivir; 
se gasta y se desgasta por querer, 
hasta descuidarse de uno mismo, 
para devolver el sabor a la savia. 

III.- LA LLAMA,
QUE NO REQUIERE DE ESTRELLA,
SE PERCIBE CON ILUSIONES

Todo retoña del fulgor intrínseco, 
pues lo caritativo está en donarse, 
en ofrendar el calor de la morada, 
con la seguridad de hermanarnos, 
para descubrirnos y concertarnos. 

Promovamos la antorcha del ser, 
labremos la unión entre nosotros, 
quitemos las discordias del alma, 
iluminemos los caminos a diario, 
y dejemos que giman las huellas.

Son las pisadas por este universo,
las que hablan de nuestra venida. 
Cuando existimos desde el bien, 
incluso en medio de las penurias, 
llamea la llama con celeste vigor.

Víctor CORCOBA HERRERO
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Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

¡QUÉ PALPITEN LOS ÁNIMOS!: Andamos extraviados por el mundo, necesitados de lo paradisíaco, que es donde anida el bien y la bondad. Jesús nos trae a la memoria que somos un don sagrado, atento a no desperdiciar el buen uso de las cosas, respetando y promoviendo la savia siempre. Los bienes que nos acompañan deben ser custodiados y compartidos, de modo que a nadie le falte lo necesario. Nos toca, pues, creer para crecer, soñar para despertar y obrar para hallarnos.

I.- SUBIR A LO ALTO; 
PARA DARSE A DIOS 
Y DONARSE A LOS DEMÁS 

Uno tiene que encontrarse primero, 
para lograr ofrendarse y ofrecerse, 
que es como se florece en el afecto, 
y en el venerable don se desarrolla, 
que es donde reside la dicha alegre.

Vuelva a nosotros la eterna fuerza, 
dejémonos coronar por su mística, 
confiemos en su armónico compás, 
y desprendámonos de lo mundano,
que es lo que nos revive por dentro. 

No hay mejor ascenso que lo níveo, 
para ser más del cielo que terrestre; 
como tampoco hay más serenidad, 
que el desprenderse de sí y donarse, 
pues diseña el semblante de Cristo.

II.- REMONTAR LAS PENAS; 
PARA VOLVER AL POEMA 
Y LEGARSE CON OJOS DE NIÑO

Jesús empieza a remontar el verso,
proclama de este modo una estrofa; 
revelándonos una naciente textura, 
la de ser dócil en vez de insociable, 
resurgiendo una composición viva.

No hay mayor gala que ser manso, 
que no imponer nada y poner amor, 
que versificarse y advertirse hálito,
como renuevos de Dios que somos,
a la espera siempre de su consuelo.

Seamos sus cantautores celestiales, 
avivemos la contemplativa mística, 
recolectada por nuestro Libertador,
que con su cruz nos ofrece la llave,
para ir al edén y volver a la belleza. 

III.- DEJEMOS DE SER MUNDANOS; 
PARA ASCENDER Y ENCENDER EL RADIANTE TINO

Nuestra dimensión nos solicita luz, 
y el núcleo intimo de lo que uno es; 
nos pide sustento y soporte etéreo, 
no el usurero dinero de aquí abajo, 
sino el acompañamiento de pulsos.

Es verdad que todo tiene su pausa,
que es lo que nos hace corregirnos; 
ejercitar el propósito de enmienda,
que es lo que nos injerta fortaleza;
para tomar respiro y rehabilitarnos. 

La divinidad es de los desposeídos, 
de los que saben absolver siempre, 
haciendo de la clemencia su diario, 
porque todo se alienta de renuncias, 
de lo terrenal a lo espiritual del ser.

Víctor CORCOBA HERRERO
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Lunes, 26 Enero 2026 06:13

Caminemos como hijos del sol

Artículo | Compartiendo diálogos conmigo mismo

QUE NUESTRA VOZ, SEÑOR, SE HAGA ECO DE LA TUYA: El pueblo que, habitaba en tinieblas, divisó una gran luminaria. Se dejó sorprender por la Buena Noticia; y, asombrado e interrogándose cada cual consigo mismo, se entregó en gestos concretos de amor. La ofrenda fue locución de aliento, expresión de caridad o actitud de servicio; un modo de advertir, que Dios está cerca. De hecho, anunciar el Evangelio, es liberarse oceánicamente, ayudando a los demás a ser libres. 

I.- ACERCARSE AL REINO CELESTIAL; 
QUE HA BAJADO A LA TIERRA 

Con Jesús, lo mundano deja de ser; 
el momento está llegando a su fin, 
su Reino ha descendido a la tierra,
nos vive y mora en todos nosotros, 
hermanado a la condición humana.

No hay humanidad sin hermosura, 
como no hay divinidad sin Cristo; 
el tiempo del alejamiento terminó, 
cuando el Señor vino a acogernos, 
para salvaguardarnos y eximirnos.

El santo verbo nos siembra beldad, 
nos cubre con la luz de su Palabra,
nos orienta y reorienta al florecer, 
recogiéndonos como brotes suyos, 
y acogiéndonos en cada situación.

II.- RECONCILIARSE ENTRE SÍ; 
PUES, POR EL HIJO, SUBIMOS AL PADRE 

El hombre, como el árbol, se anida
de sueños y se enraíza mar adentro,
en su propia inmensidad de versos, 
para tornarse un latir de conciertos, 
y en los desconciertos armonizarse.

Volver a Dios es nuestro cometido, 
revolverse a lo terrenal es lo cabal
y preciso, para abrazar las Alturas,
con las que creamos tonos diversos, 
como renuevos de timbres devotos. 

Ha comenzado el tiempo de vivir, 
de desvivirse por quererse y amar, 
de hacer hogar para hallar sosiego, 
y de rehacerse como estirpe unida, 
casados a una familia providencial. 

III.- APOYARSE EN EL FULGOR ETÉREO; 
PARA SER ESTRELLAS EN PERPETUIDAD 

El apoyo del Crucificado es diario, 
nos eleva y nos alaba de esperanza, 
nos llena de gozo y alegría el alma, 
nos agranda por dentro y por fuera, 
hasta embellecernos de resplandor.

Somos tripulantes de azules claros, 
vamos camino del místico paraíso,
nuestras idas y venidas son de paz, 
tan sólo hay que dejarse examinar,
por quien es verdad y eterna savia. 

La fuerza Omnipotente nos abriga,
uno a uno hemos de clamar su don. 
Escuchemos su timbrazo cada día, 
vivamos la dicha de ser absueltos, 
de sentirnos amados para siempre.

Víctor CORCOBA HERRERO
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Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

SOMOS HIJOS DE LA PROVIDENCIA: Manifestarnos como obra sobrehumana y descubrirnos confiados a sus manos, sentirnos acogidos y recogidos en un abrazo de cariño, nos da sustento de alegría, porque nos sostiene liberados del pecado. Todo se asienta en un sensato vínculo con Jesucristo, en una correspondencia de buen fondo y conciliadora forma, que nos orienta y da sentido a nuestros pasos. Él nos levanta de las caídas y con el renuevo del sagrado soplo, nos remonta al Padre. 

I.- EL MESÍAS EN EL JORDÁN;
CON JUAN EL BAUTISTA

Esta vida es un pulso sorprendente, 
cargada de pausas que nos realzan, 
repleta de ritmos que nos cautivan, 
colmada de rimas que nos reviven, 
pues somos puro corazón angélico. 

Comencemos por rastrear y querer
encontrarnos, que el que se rastrea, 
siempre se descubre en penitencia, 
deseoso de no aislarse y de anidar,
en comunión y en viva comunidad.  

Nos abaten las manchas del pecado; 
la purificación humana es un deseo, 
que implica reunirse para conciliar,  
y reconciliarse con la nítida verdad, 
que nos enaltece de bondad estable. 

II.- DARSE UN BAÑO DE DIOS; 
CON EL ETÉREO DEJAR HACER 

Ser bautizado en el Espíritu celeste, 
es estar humedecido de irradiación, 
es dotarse de fiel adhesión al Padre, 
es invitarse a darse un devoto baño,
hasta empaparse de amor beatífico. 

Penetrado por este ardor venerable, 
uno se rehace y se hace al Creador, 
resurge el Niño y surge la efusión, 
la viveza de la fe que nos enamora, 
la pasión del Señor que nos redime.

Sólo hay que dejarse querer por Él, 
sumergirse en su auténtica palabra,
abandonarse con el latir despojado, 
con el alma cubierta de alabanzas, 
y el cuerpo recubierto de fidelidad. 

III.- SENTIR LOS CIELOS CLAROS;
CON LA CLARIVIDENCIA DE TODOS 

El cielo se nos abre como llamada, 
la fiesta no puede ser más gloriosa, 
se funda por ello en una evidencia,
en una relación personal con Jesús, 
que nos fortalece para poder vivir. 

Hermanarse con Cristo es resucitar
a un confín,  que es fuente de amor; 
lindero existencial de misericordia,
para transferirnos a una vida plena,
en unión con los demás y con Dios.

Los caminos apacibles nos elevan, 
nos llenan de albor y nos purifican, 
océano adentro nos desenmascaran, 
hasta el extremo de desenredarnos, 
de los ahogos de este mundo cruel. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Lunes, 22 Diciembre 2025 21:33

La compasión omnipotente nos enternece

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

ACOGER LAS SORPRESAS Y DEJARSE SORPRENDER: La vida es un incesante anhelo que nos acompaña siempre, para que consideremos todas las cosas, que es lo que hace que la savia sea fructífera. El sueño, aparte de conmovernos por dentro, nos mueve y nos remueve la confianza, como le sucedió a la Sagrada Familia de Nazaret, con la espera del nacimiento de su Hijo. Aprendamos de su espíritu observador, para degustar lo místico de la realidad y gozar del gusto de la gesta.

I.- ¡ABRÁZANOS; 
SEÑOR JESÚS NIÑO!

Vuelve a nosotros, déjanos la luz¸  
toma presencia en nuestro existir, 
visítanos y cólmanos con tu amor, 
incrústanos de tu paz las jornadas, 
vívenos y revívenos cada ocasión. 

Renueva nuestros molidos pulsos, 
y transfigura nuestras naturalezas,
para que en los discordes hogares, 
regrese la concordia a sus techos, 
con una genuina pasión caritativa. 

Notarse reunidos como hermanos, 
y coexistir en el abrazo universal, 
como hijos de Dios fraternizados, 
nos impulsa a rebuscar la estrella,
con el evidente sentido navideño. 

II.- ¡SEÑOR JESÚS NIÑO;
 BORDÉANOS! 

A veces la realidad nos asombra, 
nos aturde pensativos y absortos; 
lo vivió José con la Virgen María, 
tras aceptar el anuncio del Ángel, 
y acceder al sueño de la recogida. 

José era un hombre de esperanza,
siempre dejaba sitio para notarse, 
para oírse y escuchar lo invisible, 
aquello que viene de Dios y cura, 
porque la voluntad divina lo sana.

Forjemos un reposo en el camino, 
contemplando a la llena de gracia, 
que tuvo el arranque de confiarse, 
enteramente al angelical vocablo, 
y de José que supo negar la duda. 

III.- ¡ACÓPLANOS; 
SEÑOR JESÚS NIÑO! 

Cristo mismo se abaja a la tierra, 
se humaniza y nos dulcifica vías; 
su misericordia toca los espíritus, 
nos glorifica con su llamamiento, 
pues se estableció en cada latido.

Dejémonos hospedar por su voz, 
respondamos siempre a su ruego, 
persigamos el retoño de sus días, 
continuemos las huellas dejadas, 
y extendamos sus cauces activos. 

Creer en el Señor es darse inicio, 
es recomenzar y restaurar el bien, 
salir de estas oscuridades ariscas, 
para regresar a la morada eterna, 
suavizada por el niño que somos. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 14 Diciembre 2025 20:12

El buen tiempo del corazón

Artículo | Compartiendo diálogos conmigo mismo

EL DELEITE ES GRANDE Y LA SORPRESA MAYOR: Todo procede de las entrañas, de la satisfacción del anuncio de que nos ha nacido un Salvador, del regocijo que vierten las palabras del Ángel a María en la Anunciación, o el mismo salto de júbilo del niño Juan en el vientre de su madre, con la dicha de que venga a visitarle la Madre de su Señor. Con Jesús comienza el Reino de Dios. Nuestras capacidades, empiezan a ver más allá de lo material, con la perenne juventud del hálito.

I.- INVITACIÓN A LA ALEGRÍA DEL ESPÍRITU
 
Abramos el corazón a la luz, 
y apartemos las mil sombras; 
descubramos en nuestro ser, 
la expresión de la divinidad,
que por amor nos acompaña.

Acojamos su venida sagrada, 
apoyemos su real liberación, 
alcancemos su justa estrella, 
que se alberga con nosotros, 
pues el Verbo se hizo carne. 

Su pasión nos anida el alma, 
nos renueva el valor del día, 
y nos recupera con el sueño, 
de un rescate imperecedero, 
que nos lleva al puro inicio.

II.- LLAMAMIENTO AL GOZO DEL ALMA 

La fehaciente complacencia, 
está supeditada a la relación 
con Dios, que nos embellece, 
con la placidez de la verdad, 
y el disfrute de buenas obras. 

Quien ha advertido a Cristo, 
en su propia savia, se renace; 
experimenta en sus entrañas, 
una serenidad y un alborozo,
que nadie nos puede sustraer.

Todo asienta su fundamento, 
en la fidelidad al Libertador, 
en la certeza de sus palabras,
en la solidez de sus caminos, 
que nos transfieren el ánimo. 

III.- LUMINARIA AL TOQUE DEL ASOMBRO 

La euforia es una evidencia, 
la confirmación de un hecho,
fusionado de ternura virgen,
y con el asombro de un don
de Dios, que nos sobrecoge. 

Que nuestra Madre del cielo, 
nos viva y en paz nos reviva, 
con ese dulce calor de hogar, 
de níveo acontecer radiante, 
para entonar un canto nuevo.

La eterna sorpresa angelical, 
nos convoca a abrir los ojos,
a tener valentía y a no temer, 
porque el Niño que nos nace,
halla su razón en acogernos.

Víctor CORCOBA HERRERO
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Lunes, 01 Diciembre 2025 19:51

Hallarse con el corazón despierto

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

LEVANTAR LA MIRADA Y CONTEMPLAR: Somos el pulso vivo en busca de la esperanza, un pueblo en camino poblado de sueños y repoblado de versos que nos ascienden; únicamente hace falta sacudir el letargo, aguzar los sentidos y sentirse más celeste que mundano. Estemos vigilantes, como poetas en guardia, esperando que el Señor se aproxime a nosotros. Ahí tenemos a María, en la espera y sin desesperarse, percibiendo el paso de Dios en la vida humilde y acogiéndolo en su seno. 

I.- DIOS VIENE 
A NUESTRO ENCUENTRO

Dios está, comparece a diario, 
la llama de su verbo nos vive, 
no cesa de irradiarnos la vida,
como dotación de paz y bien, 
y donación de amor perpetuo. 

Quiere venir a vivir en medio
de nosotros, a donarnos la luz, 
alimento y aliento restaurador, 
que nos libera de toda maldad, 
para que la clemencia se abra.
 
Necesitamos de la compasión
divina, para divinizarnos y ser
más del cielo que de la tierra, 
sólo hay que envolver la cruz, 
para sentir y asentir a su señal. 

II.- SALGAMOS 
AL ENCUENTRO DE DIOS 

Señor, te estoy llamando, ven
de prisa, escucha mi mensaje, 
no me descuides en el mundo, 
protégeme de toda hipocresía, 
y llévame a la puerta del edén.

Con la sed del cuerpo místico,
el espíritu orante se desarrolla,  
propaga su deseo de quererse, 
para poder seducir sin alcance, 
amando como Jesús nos ama. 

Enaltezco a Cristo encarnado,
al crucificado y al resucitado; 
a Él encomiendo mi ceguera, 
en unión con la Virgen María, 
nuestra Señora del Adviento. 

III.- Y BROTEMOS 
CON BEATITUD EN ALABANZA

Asentemos nuestro horizonte, 
en la mirada a nuestra Señora; 
coloquemos nuestra turbación, 
en su obediencia y veracidad, 
para que nos regenere el alma. 

En alianza espiritual con Ella, 
como firme Abogada nuestra, 
podremos salir de esta prisión, 
acogernos y recoger su amor, 
para fusionarnos en cercanía.

La Madre de todos es modelo, 
y sostén de este íntimo gozo; 
de la alegría de hacerse Niño, 
nuestro Salvador, para júbilo
y glorificación, de sus gracias. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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