Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

SOMOS HIJOS DE LA PROVIDENCIA: Manifestarnos como obra sobrehumana y descubrirnos confiados a sus manos, sentirnos acogidos y recogidos en un abrazo de cariño, nos da sustento de alegría, porque nos sostiene liberados del pecado. Todo se asienta en un sensato vínculo con Jesucristo, en una correspondencia de buen fondo y conciliadora forma, que nos orienta y da sentido a nuestros pasos. Él nos levanta de las caídas y con el renuevo del sagrado soplo, nos remonta al Padre. 

I.- EL MESÍAS EN EL JORDÁN;
CON JUAN EL BAUTISTA

Esta vida es un pulso sorprendente, 
cargada de pausas que nos realzan, 
repleta de ritmos que nos cautivan, 
colmada de rimas que nos reviven, 
pues somos puro corazón angélico. 

Comencemos por rastrear y querer
encontrarnos, que el que se rastrea, 
siempre se descubre en penitencia, 
deseoso de no aislarse y de anidar,
en comunión y en viva comunidad.  

Nos abaten las manchas del pecado; 
la purificación humana es un deseo, 
que implica reunirse para conciliar,  
y reconciliarse con la nítida verdad, 
que nos enaltece de bondad estable. 

II.- DARSE UN BAÑO DE DIOS; 
CON EL ETÉREO DEJAR HACER 

Ser bautizado en el Espíritu celeste, 
es estar humedecido de irradiación, 
es dotarse de fiel adhesión al Padre, 
es invitarse a darse un devoto baño,
hasta empaparse de amor beatífico. 

Penetrado por este ardor venerable, 
uno se rehace y se hace al Creador, 
resurge el Niño y surge la efusión, 
la viveza de la fe que nos enamora, 
la pasión del Señor que nos redime.

Sólo hay que dejarse querer por Él, 
sumergirse en su auténtica palabra,
abandonarse con el latir despojado, 
con el alma cubierta de alabanzas, 
y el cuerpo recubierto de fidelidad. 

III.- SENTIR LOS CIELOS CLAROS;
CON LA CLARIVIDENCIA DE TODOS 

El cielo se nos abre como llamada, 
la fiesta no puede ser más gloriosa, 
se funda por ello en una evidencia,
en una relación personal con Jesús, 
que nos fortalece para poder vivir. 

Hermanarse con Cristo es resucitar
a un confín,  que es fuente de amor; 
lindero existencial de misericordia,
para transferirnos a una vida plena,
en unión con los demás y con Dios.

Los caminos apacibles nos elevan, 
nos llenan de albor y nos purifican, 
océano adentro nos desenmascaran, 
hasta el extremo de desenredarnos, 
de los ahogos de este mundo cruel. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Lunes, 22 Diciembre 2025 21:33

La compasión omnipotente nos enternece

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

ACOGER LAS SORPRESAS Y DEJARSE SORPRENDER: La vida es un incesante anhelo que nos acompaña siempre, para que consideremos todas las cosas, que es lo que hace que la savia sea fructífera. El sueño, aparte de conmovernos por dentro, nos mueve y nos remueve la confianza, como le sucedió a la Sagrada Familia de Nazaret, con la espera del nacimiento de su Hijo. Aprendamos de su espíritu observador, para degustar lo místico de la realidad y gozar del gusto de la gesta.

I.- ¡ABRÁZANOS; 
SEÑOR JESÚS NIÑO!

Vuelve a nosotros, déjanos la luz¸  
toma presencia en nuestro existir, 
visítanos y cólmanos con tu amor, 
incrústanos de tu paz las jornadas, 
vívenos y revívenos cada ocasión. 

Renueva nuestros molidos pulsos, 
y transfigura nuestras naturalezas,
para que en los discordes hogares, 
regrese la concordia a sus techos, 
con una genuina pasión caritativa. 

Notarse reunidos como hermanos, 
y coexistir en el abrazo universal, 
como hijos de Dios fraternizados, 
nos impulsa a rebuscar la estrella,
con el evidente sentido navideño. 

II.- ¡SEÑOR JESÚS NIÑO;
 BORDÉANOS! 

A veces la realidad nos asombra, 
nos aturde pensativos y absortos; 
lo vivió José con la Virgen María, 
tras aceptar el anuncio del Ángel, 
y acceder al sueño de la recogida. 

José era un hombre de esperanza,
siempre dejaba sitio para notarse, 
para oírse y escuchar lo invisible, 
aquello que viene de Dios y cura, 
porque la voluntad divina lo sana.

Forjemos un reposo en el camino, 
contemplando a la llena de gracia, 
que tuvo el arranque de confiarse, 
enteramente al angelical vocablo, 
y de José que supo negar la duda. 

III.- ¡ACÓPLANOS; 
SEÑOR JESÚS NIÑO! 

Cristo mismo se abaja a la tierra, 
se humaniza y nos dulcifica vías; 
su misericordia toca los espíritus, 
nos glorifica con su llamamiento, 
pues se estableció en cada latido.

Dejémonos hospedar por su voz, 
respondamos siempre a su ruego, 
persigamos el retoño de sus días, 
continuemos las huellas dejadas, 
y extendamos sus cauces activos. 

Creer en el Señor es darse inicio, 
es recomenzar y restaurar el bien, 
salir de estas oscuridades ariscas, 
para regresar a la morada eterna, 
suavizada por el niño que somos. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 14 Diciembre 2025 20:12

El buen tiempo del corazón

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EL DELEITE ES GRANDE Y LA SORPRESA MAYOR: Todo procede de las entrañas, de la satisfacción del anuncio de que nos ha nacido un Salvador, del regocijo que vierten las palabras del Ángel a María en la Anunciación, o el mismo salto de júbilo del niño Juan en el vientre de su madre, con la dicha de que venga a visitarle la Madre de su Señor. Con Jesús comienza el Reino de Dios. Nuestras capacidades, empiezan a ver más allá de lo material, con la perenne juventud del hálito.

I.- INVITACIÓN A LA ALEGRÍA DEL ESPÍRITU
 
Abramos el corazón a la luz, 
y apartemos las mil sombras; 
descubramos en nuestro ser, 
la expresión de la divinidad,
que por amor nos acompaña.

Acojamos su venida sagrada, 
apoyemos su real liberación, 
alcancemos su justa estrella, 
que se alberga con nosotros, 
pues el Verbo se hizo carne. 

Su pasión nos anida el alma, 
nos renueva el valor del día, 
y nos recupera con el sueño, 
de un rescate imperecedero, 
que nos lleva al puro inicio.

II.- LLAMAMIENTO AL GOZO DEL ALMA 

La fehaciente complacencia, 
está supeditada a la relación 
con Dios, que nos embellece, 
con la placidez de la verdad, 
y el disfrute de buenas obras. 

Quien ha advertido a Cristo, 
en su propia savia, se renace; 
experimenta en sus entrañas, 
una serenidad y un alborozo,
que nadie nos puede sustraer.

Todo asienta su fundamento, 
en la fidelidad al Libertador, 
en la certeza de sus palabras,
en la solidez de sus caminos, 
que nos transfieren el ánimo. 

III.- LUMINARIA AL TOQUE DEL ASOMBRO 

La euforia es una evidencia, 
la confirmación de un hecho,
fusionado de ternura virgen,
y con el asombro de un don
de Dios, que nos sobrecoge. 

Que nuestra Madre del cielo, 
nos viva y en paz nos reviva, 
con ese dulce calor de hogar, 
de níveo acontecer radiante, 
para entonar un canto nuevo.

La eterna sorpresa angelical, 
nos convoca a abrir los ojos,
a tener valentía y a no temer, 
porque el Niño que nos nace,
halla su razón en acogernos.

Víctor CORCOBA HERRERO
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Lunes, 01 Diciembre 2025 19:51

Hallarse con el corazón despierto

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

LEVANTAR LA MIRADA Y CONTEMPLAR: Somos el pulso vivo en busca de la esperanza, un pueblo en camino poblado de sueños y repoblado de versos que nos ascienden; únicamente hace falta sacudir el letargo, aguzar los sentidos y sentirse más celeste que mundano. Estemos vigilantes, como poetas en guardia, esperando que el Señor se aproxime a nosotros. Ahí tenemos a María, en la espera y sin desesperarse, percibiendo el paso de Dios en la vida humilde y acogiéndolo en su seno. 

I.- DIOS VIENE 
A NUESTRO ENCUENTRO

Dios está, comparece a diario, 
la llama de su verbo nos vive, 
no cesa de irradiarnos la vida,
como dotación de paz y bien, 
y donación de amor perpetuo. 

Quiere venir a vivir en medio
de nosotros, a donarnos la luz, 
alimento y aliento restaurador, 
que nos libera de toda maldad, 
para que la clemencia se abra.
 
Necesitamos de la compasión
divina, para divinizarnos y ser
más del cielo que de la tierra, 
sólo hay que envolver la cruz, 
para sentir y asentir a su señal. 

II.- SALGAMOS 
AL ENCUENTRO DE DIOS 

Señor, te estoy llamando, ven
de prisa, escucha mi mensaje, 
no me descuides en el mundo, 
protégeme de toda hipocresía, 
y llévame a la puerta del edén.

Con la sed del cuerpo místico,
el espíritu orante se desarrolla,  
propaga su deseo de quererse, 
para poder seducir sin alcance, 
amando como Jesús nos ama. 

Enaltezco a Cristo encarnado,
al crucificado y al resucitado; 
a Él encomiendo mi ceguera, 
en unión con la Virgen María, 
nuestra Señora del Adviento. 

III.- Y BROTEMOS 
CON BEATITUD EN ALABANZA

Asentemos nuestro horizonte, 
en la mirada a nuestra Señora; 
coloquemos nuestra turbación, 
en su obediencia y veracidad, 
para que nos regenere el alma. 

En alianza espiritual con Ella, 
como firme Abogada nuestra, 
podremos salir de esta prisión, 
acogernos y recoger su amor, 
para fusionarnos en cercanía.

La Madre de todos es modelo, 
y sostén de este íntimo gozo; 
de la alegría de hacerse Niño, 
nuestro Salvador, para júbilo
y glorificación, de sus gracias. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Lunes, 24 Noviembre 2025 06:05

Abrazados por siempre, al rey del universo

Compartiendo diálogos conmigo mismo

INVITADOS A VENCER EL MAL: Hay que poner la confianza en quien ha pasado por la vida, viviendo para los demás desde el corazón, hasta el extremo de ejercer su universal dominio, mediante la entrega y el servicio. Su reinado está regido por la pureza de sus pasos de niño, por el poso de la sencillez en sus movimientos coronados de espinas, que supo derribar del camino, ofreciendo la vida por sus amigos, como Redentor nuestro. El único y fehaciente Rey, forjó de este modo, el camino de la intercesión, a partir de la conciliadora prueba reconciliadora y reconstituyente.  

I.- EL PODER DIVINO, 
NO ES EL PODER MUNDANO 

Cada día es un nuevo retoñar, 
un inédito renacer y resurgir, 
un renovarse y un reverdecer,
al deseo del amor y del amar, 
que es lo que nos hace vivir. 

Bajo el carácter inmaculado, 
la potestad de ser la infusión,  
que todo lo acrecienta de luz, 
para vencer el dominio cruel
de la muerte y florecer vivos. 

Este Reino de la sensibilidad,
de la apasionada benefactora,
viene de las alturas, proviene
de la Cruz Salvadora nuestra, 
que nos llama a ser su poesía. 

II.- EL CELESTE AMOR, 
NO ES EL AMOR MUNDANO 

En nuestro acervo penetrante,
el afán contemplativo es vida, 
hacerlo como Cristo lo rehízo, 
dando su afable observación,
de descubrir y no encubrirse. 

Hay cauces que versan besos, 
que donan alegría al corazón, 
con caricias que nos ensalzan,
que acompañan y acompasan, 
amando al fulgor de la llama. 

Son las labores de la caridad,  
las que nos poetizan el alma, 
las que nos hacen relumbrar, 
como celestes pulsos francos, 
en pura ofrenda de sí mismo.

III.- LA ANGELICAL VERDAD, 
NO ES LA VERDAD MUNDANA 

Tomemos el camino de Jesús, 
sólo Él es la verdad y la vida, 
el cariño pleno y la claridad, 
el fuego perenne de la pasión, 
que todo lo amasa y amansa.

Con Él se enternece la savia, 
y se eterniza la conformidad; 
mientras sin Él todo agoniza,
en un embobarse de miserias, 
desgastándonos la existencia. 

La libertad efectiva nos vive, 
nos realza la certeza de Dios, 
nos alza hacia el Crucificado, 
como verdadero guía manso: 
¡Loándonos de la evidencia! 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 16 Noviembre 2025 21:20

La Sabiduría Divina

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

SER PERSEVERANTES EN LO QUE PERMANECE: El recóndito designio de la sabiduría divina de Jesucristo, que había de llevar a cabo en la tierra, tuvo por finalidad restaurarnos de las caídas. Por ello, tampoco hay que doblegarse, lo importante es mantener la fe para edificar aquello que no pasa, el bien y el amor vertido. En consecuencia, si se siembra la semilla con espíritu donante y se cuida con firmeza suplicante, sólo será cuestión de tiempo para recoger sus frutos. 

I.- ¡MAESTRO, ENSÉÑAME A VIVIR! 

Nuestro Salvador nos vive, 
llega a diario con su señal, 
nos estimula a no sucumbir,
a contemplar nuestra savia, 
a la luz de lo que persevera.  

Todo se sustenta con amor,
y se sostiene con la mirada, 
asentada en Cristo cada día, 
siendo más gozo que carga, 
y más aliento que alimento. 

Sólo hay que seguir su luz, 
tomar la cruz y entregarse, 
fiarse de lo que dice Jesús, 
oírle y meditar su Palabra, 
que es lo que nos regenera. 

II.- ¡MAESTRO, ENSÉÑAME A ORAR! 

En el Señor está la certeza, 
quien la busca la descubre, 
en la benignidad del alma, 
bajo la corriente venerable, 
que germina del Evangelio.

Uno se fortifica invocando,
el soplo de la autenticidad, 
rogando para no estrellarse,
con la mentalidad terrenal,
en un continuo ora y brega.

Tejamos un palpitar orante,  
lleno de confianza en Dios, 
sin obviar la audacia filial,
de permanecer unidos a Él, 
y reunidos entre nosotros. 

III.- ¡MAESTRO, ENSÉÑAME A DISCERNIR! 

Otorga a tu siervo, deidad; 
unas entretelas ponderadas,
un latir templado y sensato,  
para clarificar las sombras, 
y distinguir el mal del bien.

Que la fuerza omnipotente, 
aconseje nuestros andares, 
lo justo y lo injusto del ser, 
a la hora de reencontrarnos, 
donde uno es lo ejercitado.

Deseo volver al verso puro, 
renacer y nacer a la verdad, 
crecer y recrearme de vida, 
abrirme y reabrir las vistas,
hacia una morada beatífica. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 09 Noviembre 2025 20:43

Jesús es el templo de Dios

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

LA VIDA NO ES UN PUESTO DE VENTA, SINO DE DONACIÓN: Florecemos como caminantes de un recinto sagrado, transeúntes de un tabernáculo divino, viandantes de un níveo paraíso de amor, que hemos de descubrir como edén y no encubrirlo como mercado. Los hijos del amor, al ser piedras vivas del templo espiritual que es la Iglesia, no son vendedores de nada, son la pulsación desprendida que glorifica a Dios. Aún hoy, sigue habiendo mercaderes que profanan con todo tipo de abusos, existencias que son sagradas. 


I.- SOMOS LA CASA QUE DIOS EDIFICA 

Cada cual, con su don divino, 
labora sus propios cimientos, 
cultiva sus nativas corrientes, 
alienta y replantea sus modos, 
maneras y estilos de asentarse. 

Conforme a la gracia de Dios, 
uno se reaviva y se robustece, 
se reconstruye cada amanecer, 
y se afianza en el deseo de ser:
más que para sí, para el ajeno.

En cada cuerpo habita el alma,  
pero nadie es nada sin el otro, 
santuario celestial de miradas, 
que nos calman y nos colman,
de abecedarios que nos alzan. 

II.- NUESTRO INTERIOR ES DE DIOS 

Al Señor me acojo en piedad, 
para acogerme y recogerme,
liviano de equipaje y seguro, 
a la espera de crecer en amor,
para poder querer sin reserva.

No hay vida sin apego al sol, 
como tampoco hay simpatía, 
sin vínculo de transparencia, 
porque en la morada de Dios, 
todo se acopla con luminaria. 

Reaparezca el verso que soy, 
refleje el aliento su placidez,
irradie los frutos su entereza, 
manifieste el gozo su sosiego, 
el brío de la belleza celestial. 

III.- QUÉDATE CON NOSOTROS, SEÑOR 

Puesta en Jesús nuestra fibra,
sembremos nuestros anhelos, 
impulsemos nuestra llamada, 
la de penitentes en penitencia, 
para corregirse y enmendarse. 

Bajo la cruz de cada jornada, 
todo se esclarece con Cristo, 
sólo hay que seguir sus pasos, 
levantar la vista y escucharle, 
para descubrir la fuerza santa. 

Que ninguno se venga abajo, 
por muy dura que sea la vida: 
Ora y brega en ánimo orante,  
que Dios siempre nos atiende,
y entiende nuestros desvelos. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 02 Noviembre 2025 21:25

Nuestra mirada suplicante de amor

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ORAR POR LOS DIFUNTOS: El pasaje de la muerte es un paraje de expectativa; y, recorrer nuestros cementerios con espíritu orante, nos ayuda a secar lágrimas y a reconfortar duelos. Orar por los muertos, más que necesario es imprescindible, porque no únicamente les puede ayudar a ellos, además hace eficaz su intercesión en favor nuestro. Vayamos pues hacia adelante siempre, que el tránsito se vive, despojado de mundo y amando, porque Cristo es Amor y yo he de ser su verbo de amor en verso. 

I.- JESÚS ES EL CAMINO, 
RENOVADO POR ÉL MISMO

Todos nosotros estamos en camino, 
reencontrándonos para expresarnos, 
pues somos la locución de un vivir, 
en permanente ejercicio existencial, 
que tiene como práctica el corazón.

A golpe de latido se entra en calma, 
se encauzan los claros sentimientos, 
se revive el itinerario de la amistad,
para tomar el carril de la concordia, 
que es el que nos pone en servicio.

Nuestro trabajo está en los andares, 
en tomar la ruta del glorioso afecto, 
en seguir los pasos del Crucificado,
que nos abrió los pórticos del cielo,  
y nos cerró la superficie del recelo.

II.- JESÚS ES LA VERDAD, 
HECHA PERSONA

La luz irradiada por Jesús es pasión,
es fehaciente resplandor de certeza. 
Su evidencia nos renueva la aurora, 
es la estrella de la libertad humana; 
sin Él nada es, todo pierde su guía.

La orientación tomada nos remonta, 
nos eleva al Padre a través del Hijo, 
que nos ha amparado y nos redime.
Es verdad, ¡el Señor ha resucitado!,
¡Él sólo hace posible lo imposible!

Con Él llega la huida de la muerte, 
y se reafirma la victoria de la vida;
pues a pesar de la nube de la Cruz, 
sólo hay que habitar en su palabra, 
para conocerse y reconocerse en Él.

III.- JESÚS ES LA VIDA;
DADA COMO ESPERANZA

Con las entretelas en grito, rebusco
a mi Señor, necesito de su acogida,
requiero de su apoyo cada instante, 
porque quiero querer lo que quiero, 
una morada rememorada en poesía.

Somos rebrotes de amor verdadero, 
renuevos de una vivificante mística, 
retoños de una relación restaurada,
porque Dios nos ama y nos espera, 
en una profunda vida de comunión. 

No tengamos miedo a mirar y a ver, 
los andares vividos y ya efectuados, 
lo vital está en surcar la corrección, 
en saber reprenderse en el instante, 
para vivir en paz y no morir jamás.

Víctor CORCOBA HERRERO
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Domingo, 26 Octubre 2025 19:31

La humildad en el espíritu orante

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

LA HUELLA DE NUESTROS ANDARES: El Señor siempre nos arropa, camina con nosotros, se deja atraer por la modestia y rechaza la altivez del orgulloso. Contribuyamos a que la miseria humana se halle con la piedad divina, abracemos su voluntad, hagámoslo con el alma llena de gratitud y gratuidad. Bajo un mismo sentir, de querer lo que Él quiere, nuestros pasos se moverán en un clima de auténtica humanidad, gracias a la contribución dócil de cada mortal.

I.- HAZTE PEQUEÑO, 
EN LAS GRANDEZAS HUMANAS 

Uno debe abrirse a los dominios,  
encerrando su personal grandeza, 
despejando horizontes enlutados, 
destapando la perversa posesión, 
pues todo es donación y entrega.

Que el miramiento nos vivifique, 
ya que nadie es más que ninguno, 
en este hacer y rehacerse humano, 
pues la noche es pausa y respiro, 
aliento y alimento que nos colma. 

Lo trascendente es dejarse querer, 
no borrar el niño que sostenemos, 
satisfacer de familiaridad el alma, 
para poder descubrir la evidencia, 
aclarando la corriente de oscuros.

II.- VUÉLVETE POESÍA DIVINA,
 ANTES QUE PODER MUNDANO

Únicamente en la palabra divina, 
la mirada tiene la posición justa, 
la perspectiva correcta del verso, 
que es la de la mansa eternidad, 
que nos enternece las entretelas. 

Así, cuando contemplo el cielo, 
advierto latir la mística gloriosa, 
la celeste cadencia de la pureza, 
dejándome asombrar por la luz, 
que trasfiere el anuncio de Dios. 

No hay entrañas que no estimen, 
la sencillez en el obrar cotidiano, 
la virtud inspiradora del deleite; 
pues el regocijo está en donarse, 
como un intérprete en alabanza. 

III.- QUE SEA CRISTO, 
QUIEN MORA EN NOSOTROS 

Me cautiva navegar mar adentro, 
ver que nada soy por mí mismo, 
que busco la presencia de Cristo,
para no sentirme solo y apartado, 
pues quiero ser con Él y para Él.

Elevarse a las alturas no es fácil, 
antes precisamos ser y bucearnos, 
explorar nuestros interiores y ver, 
que se cultiva el espíritu sincero,
y la fiel sumisión de generosidad. 

Uno cuánto más baja y se rebaja, 
mejor se purifica y más se eleva; 
mejor se observa y se encuentra, 
haciendo penitencia el penitente; 
porque somos, firmes pecadores. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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Lunes, 20 Octubre 2025 05:17

El remedio está en el crucificado

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

BAJO EL ESPÍRITU ORANTE TODO SE CALMA Y SE COLMA: El recogimiento, aparte de acogernos y recogernos en el ejército de los humildes, es el constituyente del níveo cuerpo y el reconstituyente del alma. A través de la contemplativa, que todo lo allana y del encuentro que todo lo absuelve, uno anhela reverenciar, hasta el extremo de no ser nada para sí. Dejémonos acompañar y acompasar por el calor de hogar, para que toda savia se convierta en súplica y toda expectativa se vierta en el camino, de quien es nuestro Auxilio y Salvador.

I.- EL OBRA DEL SILENCIO ES LA ADORACIÓN

Cada día me inquietan las dudas, 
me afligen los silencios vertidos, 
me agitan los errores cometidos, 
aunque hay dilemas que vencen,
pero aprietos que nos alumbran. 

Dejémonos ennoblecer por la fe,
abandonémonos al soplo orante, 
forjemos sigilo en nuestro vivir, 
que uno es para el demás afecto, 
y para sí un tañido en rogación. 

No hay mejor ruego que servirse,  
que quererse y juntar horizontes, 
con la sencilla plegaria del rezo; 
puesto que, la sublime devoción, 
está en el hacer y en el rehacerse.  

II.- EL FRUTO DE LA PETICIÓN ES LA ESPERANZA 

La sanación del ser anida en orar, 
en subir a las colinas del aliento, 
y en descender a uno para verse, 
conocerse y reconocerse tentado, 
con el propósito de enderezarse.

Enmendarse está en el proyecto, 
porque uno ha de vivir rogando,
para poder salir de las pobrezas, 
que influyen sobre las entretelas,
como penitentes y en penitencia. 

En la jaculatoria radica la fuerza, 
las preces a quien es todo en mí, 
porque Tú eres, oh Dios, la vida; 
la piedad que buscamos a diario, 
con la bondad como verdad viva. 

III.- Y EL RESULTADO DE LA FE ES EL AMOR 

En la invocación firme y estable, 
y en la relación diaria con Jesús,
aprendemos a descubrir el amor, 
que es amar sin beneficio alguno, 
pues la belleza está en el donarse.
 
Cuando la oración aspira pulsos, 
respira nuestro acontecer activo; 
nos volvemos capaces de anidar, 
la mística y el misterio del credo, 
con una recta y pura conciencia. 

Cultivar el proceder arrodillado, 
es reconocer a Dios como Señor,
y a su madre como fuente de luz, 
con la mirada puesta en su Hijo,
que trae la paz y el abrazo tierno. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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