Coexistimos en el nido divino; nuestra vida es la visión de Dios

Domingo, 04 Enero 2026 21:24 Escrito por Víctor CORCOBA HERRERO / Escritor

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

EL VERBO ES UNA REALIDAD NACIENTE Y VIVA: Estamos ante un Altísimo que se advierte y se concibe, con la naturaleza humana. Estaciona su morada celeste entre nosotros, para que contemplemos la grandeza, humillándose hasta asumir la sumisión de nuestra condición mortal. Con su venida al mundo, también hizo hogar, con el sueño de morar a nuestro lado. Recibirle nos relaciona como hijos y hermanos, atrayéndonos a descubrirle para alcanzarle, viviendo su gloria.

I.- UNA MANIFESTACIÓN PARA RECAPITULAR; 
SOBRE LA PREEXISTENCIA

En Cristo brotamos desde siempre, 
no hemos nacido para este mundo.
Crecemos como cauce paradisíaco, 
en los iluminados sueños gloriosos, 
y en los ensueños del santo poema. 

Nuestra contextura es la serenidad, 
la paz de la composición espiritual, 
la beatitud de la entrega caritativa, 
el descanso de sentirnos acogidos, 
acunados y queridos por el Creador.

Con la luz Omnipotente retoñamos, 
hallamos el sosiego y nos abrimos, 
con toda clase de favores y gracias, 
que nos llevan a conocer la acción: 
de nada ser sin Él y a Él retroceder. 

II.- UNA CONFIRMACIÓN PARA REFLEXIONAR; 
SOBRE LA NUEVA EXISTENCIA

Formamos latidos y conformamos, 
un armónico proceder inseparable, 
donde nadie florece más que nadie, 
siendo todos precisos y necesarios, 
para vivir en Cristo y ser de Cristo. 

Solamente con el Salvador nuestro, 
veremos el sol y hallaremos al Rey, 
reviviremos el amor de amar amor,
corriendo la cortina de la venganza, 
antes de que la tristeza nos arruine.

Demos hueco al Señor en nosotros, 
y tiempo para que siga rehaciendo.
No caigamos en la tentación jamás, 
pues el deleite de Dios es dar savia,
para que todo ser humano se salve.

III.- UNA GARANTÍA PARA RECORDAR; 
SOBRE LA EXISTENCIA ETERNA 

Los cristianos vamos con el signo, 
portamos la señal de la santa Cruz,
llevamos el sello místico de Jesús, 
la prueba de su espíritu Liberador; 
¡dejémonos reavivar por su caricia!

Evoquemos sus pasos por la tierra,
sean nuestro estimulo cada aurora, 
integren nuestra propia semblanza, 
compongan y pongan entusiasmo, 
bajo esa conciencia de hermosura.

No hay otro modo de vivir que ser
amor, para poder querer de verdad;   
que ser un siervo para poder servir,
que hacer silencio y nacer cada día, 
con la mirada del Niño que somos. 
 
Víctor CORCOBA HERRERO
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