Servir y atender a los demás reaviva la verdadera alegría: Papa León XIV

Domingo, 08 Febrero 2026 21:33 Escrito por Mireia Bonilla

Ciudad del Vaticano. - Antes del rezo del Ángelus, el Papa recuerda que Dios no descarta a nadie, que toda herida puede sanar, y que son los gestos de misericordia y atención a los demás los que mantienen viva la luz del Evangelio en el mundo.

Esta mañana el Santo Padre ha reflexionado sobre las palabras de Jesús «Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo», para recordar a los fieles del mundo que vivir las Bienaventuranzas da verdadero sabor a la vida y hace resplandecer la alegría cristiana: “Esta alegría se irradia de un estilo de vida que se desea y elige, de un modo de habitar la tierra y de vivir juntos. Es la vida que resplandece en Jesús, el sabor nuevo de sus gestos y de sus palabras”. De hecho, el Papa recuerda que vivir las Bienaventuranzas transforma la realidad, pues quien sigue a Jesús hace que la tierra sea distinta y que la oscuridad no tenga la última palabra.
Dios no descarta a nadie, y toda herida puede sanar

Desde la ventana del Palacio Apostólico, León XIV ha explicado que no siempre es fácil mantener esa alegría y esa luz: “Es doloroso perder sabor y renunciar a la alegría; sin embargo, es posible tener esta herida en el corazón”. También recuerda que muchas personas —quizá nos ha sucedido también a nosotros— se sienten descartadas o fracasadas, como si su luz se hubiera escondido. Ante esto, el Papa ha ofrecido una esperanza renovadora: “Jesús nos anuncia a un Dios que nunca nos descarta, a un Padre que custodia nuestro nombre y nuestra unicidad”. Es más, el Papa asegura que “cada herida, aun profunda, sanará acogiendo la palabra de las Bienaventuranzas y haciéndonos regresar al camino del Evangelio”.
Existe algo muy eficaz para reavivar la alegría

Después, el Papa desvela el secreto para revivir la alegría: “con gestos de apertura y de atención a los demás” y también habla de cómo la autenticidad importa más que la apariencia o el poder: “Jesús mismo fue tentado, en el desierto, por otros caminos: hacer valer su identidad, exhibirla y tener el mundo a sus pies. Pero él rechaza los caminos en los que hubiera perdido su verdadero sabor, aquel que hallamos cada domingo en la fracción del Pan: la vida entregada, el amor que no hace ruido”.

Destaca su invitación final a “dejarnos alimentar e iluminar por la comunión con Jesús”: “Sin exhibiciones seremos entonces como una ciudad en la cima del monte, no sólo visible, sino también atrayente y acogedora; la ciudad de Dios en la que todos, en definitiva, desean vivir y encontrar la paz”.

 

 

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