3 de mayo de 1903: el asalto en Villagrande*.

Viernes, 27 Febrero 2026 21:20 Escrito por Silvestre Hernando Alconedo

Deje que les narre muchachos, es una historia desconocida, de jóvenes y gente adulta  de aquí, de Villagrande, que se levantaron en armas contra la dictadura de  Porfirio Díaz. Esto es lo que sucedió al inicio del mes de mayo de 1903, en especial a ti Luisa y a ti Gabina, futuras maestras:

…¿En qué piensas Amado? Te he visto rete raro, como preocupado de algo. La situación ya está canija y ya no va cambiar, pero seguro que ya habrá tiempos mejores, si hacemos algo.-ten fe en Dios y la virgen de Guadalupe ¡ya verás que no nos van a abandonar! – Contestó Inés, su esposa-. Es que no podemos continuar así, sin hacer nada, defenderemos nuestro pedazo de tierra, nuestro trabajo, y nuestras vidas. Todo lo podemos perder, todo, ¿me entiendes?. ¡Pero sabes!, fíjate que ya platiqué de todo esto con otras personas, de Cañada grande, también de aquí de Polocotlán y Pilcaya, de ixcamilpa, Chietla que don Abraham me recomendó que los visitara, ¡y ellos también se encuentran re preocupados! ¡Sí Amado, ya el gobierno no nos tiene compasión, nos tratan peor que animales!… Se hizo un silencio después de este pequeño dialogo de estos jóvenes esposos. Los pensamientos de Amado lo llevan a recordar a aquel señor, don Abraham, las autoridades le habían jugado mal en su aspiración a ser Jefe político, don Abraham Ramírez, nacido en los caseríos del Cascalote, pero ya avecindado en el pueblo en el barrio de San Miguel. Y Amado, pronto buscaría un encuentro, para que los continuara aconsejando, era un hombre de convicciones y gozaba del respeto de la gente, se había ganado el cariño de todos y en estos momentos sus consejos eran importantes que, entre otras cosas, y también don Jesús Morales por su experiencia revolucionaria los podía encabezar en cualquier acción armada contra el gobierno. 

¡Amado! –le dice Inés-. Anoche no dormiste bien. -Así es, no podía conciliar mi sueño por todo lo que hemos platicado. Fíjate que me contaron que Don Abraham no quedó nada contento con  la jugada que le hicieron,  es una gente de fiar, quiero ir a visitarlo, voy a Cañada grande a platicar con Esteban -¡ten mucho cuidado! no los vayan a ver, y sospechen de ustedes. -No te preocupes, tomaremos nuestras providencias, ¡ya verás que no nos pasa nada!, -piensen bien en lo que van hacer- contestó Inés-.

En esa época jóvenes –asintió el barbado-, en Villagrande los campesinos y las mujeres en esa época, estaban al servicio de los poderosos como peones o servidumbre en sus casas, trabajaban jornadas pesadas, y todo su esfuerzo para el enriquecimiento de los hacendados y la gente acaudalada. Las tiendas de raya no eran ajenas en estos lugares, que lo único que consiguieron fue que la gente se endeudara, sin la posibilidad de contar con lo mínimo necesario para sostener a su familia. Esta situación ya había motivado movimientos de campesinos para protestar, y la respuesta siempre fue la represión del gobierno. A esto se enfrentaba la gente si manifestaba su descontento, pero era ésta su única alternativa como salida para ser escuchados por sus explotadores. 
   
Y el barbado continuó. Esteban mantenía la misma preocupación de Amado y ya conocía a don Abraham y don Jesús. Una tarde, al meterse el sol ya se dirigían camino al pueblo. Habían decidido entrevistarse con don Abraham. Esteban, en el camino es quien rompe el silencio y dice, Amado quiero decirte que don Abraham Ramírez lo conozco, vive en el barrio de San Miguel. ¡Ah sí! ¡donde está la plazuela!. ¡Sí, frente a la iglesia! Su casa se distingue porque tiene un árbol  grande, creo que es una ceiba o parota,  que da rete harta sombra, - ¡sí vale! pos´ por ahí entraremos para tocarle la puerta de su casa. También quiero decirte – continúa Esteban- que ese señor, don Abraham, conoce mucha gente de otros municipios como Acatlán, Ixcamilpa, Atlaxcahuacán, Ahuehuezingo y también de Morelos. ¡Qué bueno que decidiste que lo visitáramos, vale!.....

Efectivamente don Abraham Ramírez y don Jesús Morales eran personas de ideas revolucionarias que conocían como eran tratados por el gobierno a todos aquellos que se atrevían a protestar. Así fue en el pasado cuando surgió el “Ejercito de la Revolución del Sur”, compuesto por gentes de varias poblaciones y que se manifestaban aquí en Villagrande por  los altas alcabalas que les imponían y ya reclamaban también por las tierras, pero el gobierno siempre ignoró sus demandas. Si bien habían pasado ya alrededor de cincuenta años de todo esto, lo que ahora estaban viviendo era una fuerte explotación en su persona, que solo hacía que los ricos fueran más ricos y los pobres más pobres, al grado de ya vivir una situación paupérrima, sin ninguna esperanza de que ello cambiara. Pero además, si algo distinguía a don Abraham, era que ya conocía a los personajes que se encontraban en el poder, Porfirio Díaz en la presidencia de la República y Mucio Práxedis Martínez, gobernador del estado de Puebla, y sabían de la gente de Villagrande, de su valor a toda prueba, pues formaron parte del ejército dirigido por ellos cuando combatieron a las fuerzas imperiales de Maximiliano de Habsburgo y luego al ejército francés en su invasión a México. Pero no obstante a todo este pasado histórico, los naturales  se sentían olvidados ya en los inicios del siglo XX, sus condiciones de vida eran cada vez más lacerantes, parecidas a las que vivían otros mexicanos en su condición de esclavos, sin ningún futuro, solo obedeciendo al amo, dueño de sus vidas y su destino.

Era el mes de abril de 1903 cuando tanto los jóvenes Amado y Esteban convencidos de enfrentarse al gobierno era ya impostergable, dada la condición de vida que estaban sufriendo. Amado pidió a Esteban de visitar a don Abraham nuevamente. Para no ser descubiertos, cuando el sol empieza a producir las ultimas sombras que aún caían, era la ya conclusión del día cuando inician su camino, conducidos por sus nobles corceles, que parece que adivinan la empresa de ambos jinetes, y no solo eso, ya conocen también los caminos y brechas que conducen a Villagrande. Galopan estos dos jinetes acompañados de un permanente silencio, dejando atrás lomeríos y caminos que parecen intransitables, pero que ya son demasiado conocidos por caballos y jinetes, pero ahora llevando consigo un arma, su máuser cada uno, por si son descubiertos. Ya son tiempos inciertos de descontento e incertidumbre en el país, nada más falta una chispa para que todo se incendie. A cada pisada de sus fieles corceles y siguiendo esos caminos, que parecen que no conducen a ninguna parte, todos ellos llenos de huizaches que, a esas horas impregnan el ambiente con un olor yerba y que dan identidad a ese campo de esa parte de la mixteca baja.  

¡Sabes, vale! , ¡Qué pasó Amado! – contestó Esteban-, quiero decirte que ya he estado visitando más gentes de otros lugares y también se muestran descontentos con el gobierno y me dicen si hacemos algo, si nos organizamos, nos apoyan con más armas, y dicen que nomás les digamos pa’ cuando ¡ya no aguantan esto, compa!. Cuando fui a Chietla conocí a un campesino que vieras, vale, - que cosa Amado- fíjate que doma rete bien los caballos y viste bien bonito, diferente a nosotros, se ve que tiene dinero, pero es bien sencillo, tomamos confianza y le dije lo de nosotros, y él me decía que, en su pueblo, allá en Morelos también hay problemas, les están quitando sus tierras, este compa me dijo que se llamaba Emiliano, tú, - ¡pos´ todo eso, que te parece se lo decimos a don Abraham!, ¡sale, pues!, se lo decimos.  

Como de costumbre el barbado se dirigió a sus escuchas y dijo,- ¡con permiso muchachos, y a su inseparable frasco dio dos sabrosos tragos!-.

Barrio de Tecomaxuchitl, ciudad de Chiautla de Tapia, 28 de febrero de 2026

*Texto de novela: “El hombre barbado”

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